La muerte es algo impredecible, algo que genera temor, algo que se sabe que vendrá pero que no esperamos. Algo que ignoramos, menos cuando alguien muere, pues en ese momento está entre nosotros. Nadie es inmortal y a todos nos espera el mismo final: el corazón, algo tan simple y escencial detendrá sus latidos por causa de ella y será el momento de llanto y tristeza.
El nacimiento, en cambio, es totalmente recíproco a la muerte, pues con ella forman el ciclo de la vida. El nacer ed algo nuevo abre las fronteras y alegra corazones. Genera nuevas esperanzas a merced de lo que vendrá. Esperanzas de vida, de momentos buenos, de que todo- incluso la muerte- valga la pena.
"No está mal que terminen las historias mientras halla historias que contar". Todo nacimiento tiene una muerte y toda muerte tiene un renacer. Sólo se espera que ese renacer sea completo, hasta que la muerte ababe con él. Esa muerte que se sabe que vendrá pero que no esperamos.
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